Diario del Alebrije.
- 1 feb 2016
- 1 Min. de lectura

Comienzas el viaje quedandote dormida en la sala de espera y por la fuerza y el poder de tu suerte despiertas justo al momento de abordar, salimos justo en el momento en el cual amanecio Guadalajara; partimos rumbo a Monterrey y el paisaje montañoso me avisaba que había llegado al estino previo el cual me llevaría un escalón más arriba de mi sueño y a correteadas llegamos al siguiente vuelo de conexión y abordamos esa bestía de hierro que nos llevaría a Nueva York.
Después de un merecido descanso que duro solo un parpadeo las ventanas se volvieron blancas y un paisaje nevado aparecio frente a nosotras, en el mar se encontraban bastantes buques que parecia que te encontrabas en un verdadero partido de batalla naval y lo podía presenciar directo de la ventana del avión, aterrizamos con éxito y preseguímos el camino hacía la escuela de entrenamiento, donde encontré que mi futura familia me espera con ansias y tras la cena solo me queda descansar y prepararme para el día de mañana, quien sabe que podrá pasar.













Comentarios